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miércoles, 25 de abril de 2012

EN UN MUNDIAL DE FÚTBOL NO SÓLO SE SUFREN DERROTAS DEPORTIVAS




Por: Eduardo Sandoval

Es el turno de Everardo Gout de usar el lente y reflejar  los miedos de este país, secuestro, corrupción y abuso de poder. La cinta se arriesga y rompe con la manera tradicional de crear una historia, en este caso el realizador se tomó la libertad de contarnos tres. Everardo nos presenta a sus personajes en una línea de tiempo fuera de lo normal, ya como espectador te crea un conflicto a la hora que quieres armar el rompecabezas y eso es lo que la hace única e interesante pues se mete con tu lógica.

Los planos secuencia del fotógrafo Luis Sansans buscan la realidad aunque a  veces son excesivos, pero por un lado son acertados para el discurso ya que la cámara al hombro se convierte en un ojo violento que hace resaltar la acción y engancha al espectador. A su vez, recorre muy bien las locaciones al alejarse y enseñarnos  amaneceres agonizantes o vecindarios carentes de lujo, se acerca cuando la intensión de subrayar los detalles de los personajes son importantes o cuando los diálogos son directos y reflexivos.

La manera de construir sus encuadres son muy simbólicos, como el caso de una toma en picada con el primer plano de un par de tenis colgando de los cables o el México secuestrado sin visión, pero también a veces se llegan a sobrepasar, tal es el caso de la cámara desde un carrito de medicinas que trata de comunicar pero su esfuerzo se queda en el intento de lo estético.

En Días de gracia el mundial de fútbol no es un pretexto, o al menos en la manera de utilizar el audio y las imágenes, pues estos nos ayudan a transportarnos por varios lugares y contextos, son un elemento base para viajar de un escenario a otro, al igual que la música, parece que son nuestra máquina del tiempo, cabe resaltar que en la banda sonora participan Atticus Ros y Massive Attack.

Una propuesta interesante pues el vencedor sigue siendo el miedo, lo deportivo sigue apaciguándolo y las derrotas nunca se dejarán de sufrir pues, en penales o no, siempre perdemos.