Por: Eduardo Sandoval
Es el turno de Everardo Gout de
usar el lente y reflejar los miedos de
este país, secuestro, corrupción y abuso de poder. La cinta se arriesga y rompe
con la manera tradicional de crear una historia, en este caso el realizador se
tomó la libertad de contarnos tres. Everardo nos presenta a sus personajes en
una línea de tiempo fuera de lo normal, ya como espectador te crea un conflicto
a la hora que quieres armar el rompecabezas y eso es lo que la hace única e
interesante pues se mete con tu lógica.
Los planos secuencia del fotógrafo Luis
Sansans buscan la realidad aunque a veces son excesivos, pero por un lado son
acertados para el discurso ya que la cámara al hombro se convierte en un ojo
violento que hace resaltar la acción y engancha al espectador. A su vez, recorre
muy bien las locaciones al alejarse y enseñarnos amaneceres agonizantes o vecindarios carentes
de lujo, se acerca cuando la intensión de subrayar los detalles de los
personajes son importantes o cuando los diálogos son directos y reflexivos.
La manera de construir sus
encuadres son muy simbólicos, como el caso de una toma en picada con el primer
plano de un par de tenis colgando de los cables o el México secuestrado sin
visión, pero también a veces se llegan a sobrepasar, tal es el caso de la
cámara desde un carrito de medicinas que trata de comunicar pero su esfuerzo se
queda en el intento de lo estético.
En Días de gracia el mundial de
fútbol no es un pretexto, o al menos en la manera de utilizar el audio y las
imágenes, pues estos nos ayudan a transportarnos por varios lugares y
contextos, son un elemento base para viajar de un escenario a otro, al igual
que la música, parece que son nuestra máquina del tiempo, cabe resaltar que en
la banda sonora participan Atticus Ros y Massive Attack.
Una propuesta interesante pues el vencedor
sigue siendo el miedo, lo deportivo sigue apaciguándolo y las derrotas nunca se
dejarán de sufrir pues, en penales o no, siempre perdemos.

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